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Dejemos de decir lo que se debe hacer, ¡HAGAMOS!

Parte 2 del artículo “Emprender: una reflexión y una propuesta”

Alexandre Blasi

Dr. Ingeniero Industrial

Una propuesta

En mi vida profesional he participado en distintos centros de I+D tanto públicos como privados en distintas posiciones de investigador a director del centro. Las experiencias son varias aunque siempre en el campo de la aplicación industrial y ninguna en el de la investigación básica. En algún momento he tenido que sobrevivir con un directivo que decía en tono devaluador que los de I+D éramos los de “investigación y venga rollo”. La última experiencia en el campo de la investigación terminó por los pocos recursos disponibles (especialmente económicos) y por la  oposición frontal de las áreas operativas y financiera.  Creo que entiendo las dificultades a las que se enfrentan los hombres y mujeres de I+D, pero por haber ocupado posiciones de dirección general también veo la necesidad de que los centros de I+D aporten valor, y que se aprovechen los recursos que se les asignan. La aportación de valor medible  en forma de creación de puestos de trabajo y de organizaciones que aseguren el retorno de la inversión a la sociedad a corto, medio y largo plazo.

Me es difícil entender que las inversiones que hacemos en nuestro país no den mayor resultado en la creación de empresas. No discuto la necesidad de la investigación básica. Me preocupa que muy poca de esta investigación no llegue al mercado y que en muy pocos casos presente el retorno de la inversión. Da la impresión de que estamos trabajando por impulsos sin coordinación ni planificación, del trabajo, de las inversiones, y en particular no lo hacemos en áreas prioritarias y concretas con visión de corto, medio y largo plazo. Es particularmente grave en el ámbito industrial, que es el que llega a la mayoría de los ámbitos sociales, crea sinergias de investigación, apoya la creación de pequeñas empresas y el desarrollo de medianas, contrata servicios, tiene el mayor alcance local en su ámbito de instalación,…, e impulsa el emprendimiento.

¿Qué hace el poco capital público? ¿Qué hace el capital privado? ¿Por qué los hijos de inmigrantes son más emprendedores que los del país? ¿Por qué las universidades viven alejadas de la sociedad que les paga con sus impuestos? ¿Por qué el sistema educativo siempre habla mal de las empresas? ¿Por qué los representantes de los alumnos de algunos Consejos Sociales de las universidades siempre votan en contra de todo lo que huele a empresa? ¿Por qué los rectores de universidad temen ser acusados de comercializar su universidad? ¿Por qué es tan difícil establecer el dialogo constructivo y que aporte valor entre personas del mundo universitario y el mundo de la empresa? Y hay muchas más preguntas que están sin una respuesta comprensible que relacione el gasto realizado con los resultados obtenidos en bien de la sociedad.

Uno de los deportes favoritos es decir a los demás lo que tienen que hacer. No voy a hacerlo. Creo que los veteranos junto con los que todavía no lo son tenemos mucho que aportar codo a codo con los más jóvenes. He propuesto en distintos foros, con poco éxito de momento, que nos reunamos algunos empresarios y profesionales de un determinado sector industrial, que analicemos las empresas que están en dificultades dentro del ámbito económico de los bancos y de la Administración, en un entorno industrial y propongamos y ejecutemos un plan de trabajo. Este plan debe contar con la presencia, pero no la intervención directa de la Administración, los sindicatos, con la alineación y contribución de la universidad en este esfuerzo. Voy a continuar insistiendo en este sentido con el deseo de participar activamente y no como espectador.

Las administraciones públicas y los bancos dicen conocer las empresas públicas y privadas con dificultades. Estas dificultades de futuro se deben a equipos directivos acomodados, o también a temas de sucesión familiar, o dificultades financieras,…, pero están en sectores con futuro, o la integración de algunas de ellas permitiría llegar a superar el volumen crítico y hacerlas rentables si se las dota de gestores eficaces. Existen ejemplos próximos que acreditan que esta propuesta puede funcionar. Conozco empresarios y profesionales con carácter y empuje que pueden hacerlo, yo me considero uno de ellos.  Saber que empresas tienen oportunidades razonables  de supervivencia es una cuestión de análisis y de trabajo pero es objetivable y debe permitir su selección con una cierta facilidad. Definir en qué sector hacerlo tampoco debería ser excesivamente difícil. Intentarlo es mejor que dejarlas caer y en caso de éxito mucho más económico.

Muchos de nosotros estaríamos mejor en casa sin meternos en líos. Pero honestamente como podemos quejarnos de que los demás no hacen nada y nosotros hacemos lo mismo y no aportamos valor. Parecemos los mirones de las obras publicas que se pasan el día mirando y opinando lo que sucede en la obra. Estoy convencido que una acción de este tipo va a dar muchos quebraderos de cabeza a los que se involucren pero también de que hay personas que lo entenderán, que participarán,….., y entre ellos algunos empresarios y profesionales con experiencia en estas lides.

En resumen tenemos personas, empresarios, profesionales, de la investigación y desarrollo en universidades, recursos económicos (¿limitados?) públicos y privados, tenemos empresas competitivas pero pequeñas o medianas,…, tenemos muchas opciones pero atomizadas en múltiples direcciones por lo que tenemos una muy baja eficacia de resultados. Dedicando una parte limitada de los recursos disponibles propongo que desde la iniciativa privada se proponga un plan de trabajo eficiente y eficaz que defina un sector de actividad prioritariamente industrial, que integre empresas con potencial de futuro y sume el esfuerzo universitario en aquel sector, con una supervisión indirecta y la colaboración de la Administración y los agentes sociales. La Administración aunque lo quiera hacer no lo va a hacer pero seguro que lo va apoyar si siente que el grupo que lo propone es confiable y tiene credibilidad.

Dejemos de hablar de emprendeduría y de innovación como conceptos teóricos, como cosa de otros, y hagamos que sean una realidad. Otros lo han hecho, ¿nosotros porque no?

Junio de 2015

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