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UNA IMAGEN VALE MÁS QUE MIL PALABRAS

No es ningún secreto: el mundo audiovisual ha invadido nuestras vidas como nunca antes lo había hecho.

Mientras que hace poco más de 10 años solamente se podían ver videos en la televisión (Internet funcionaba tan lento que apenas podías escuchar canciones), ahora los vemos en todos lados, a todas horas.

Todos llevamos una pantalla encima con la que poder acceder a millones de vídeos. Y por si esto no fuera suficiente, caminamos por una calle en la que los anuncios ya empiezan a ser en video. O en el metro. O en el bus. O en clase. O en la máquina de café de la oficina. Y un porcentaje importantísimo de todo lo que nos llega a través de esas pantallas es publicidad. Así que… ¿Cómo captar la atención de nuestro target en semejante jungla?

Estamos en un momento en el que la producción audiovisual está viviendo una constante transformación. Se adapta a los nuevos formatos, e intenta conquistar nuevas formas de comunicación con el cliente. Ya no siempre se limita a enseñar, a mostrar algo sino a interactuar con el cliente, utilizando, por ejemplo, links en el propio vídeo que permiten obtener nueva información. O captar los sonidos con aplicaciones como Shazam. O el simple hecho de permitir comentarlos, compartirlos, recomendarlos o poner un “me gusta”.

Parece que una de las grandes motivaciones que una empresa puede tener a la hora de producir un vídeo es precisamente este aspecto más social: compartir el vídeo, recomendarlo, hacerlo viral. Esto requiere un alto nivel de creatividad, atrevimiento e inversión.

¿Por qué inversión?

Porque los espectadores son cada vez más exigentes. El nivel de calidad de las producciones audiovisuales se liga directamente a la importancia de la empresa que se publicita. Y el público está mucho más acostumbrado y, de alguna manera, educado a nivel formal. No se conforma con algo que se vea simplemente bien: tiene que ser visual y sonoramente perfecto. Sólo hay que ver las pausas publicitarias en televisión para darse cuenta de que el nivel técnico de los anuncios es, en la mayoría de los casos, altísimo, con una factura que podría competir con cualquier película hollywoodiense.

Atrevimiento y creatividad van de la mano. Con tanta competencia, con tantas pantallas, con tanto estímulo… ¿Cómo sorprender? ¿Cómo captar la atención? Estamos cada vez más acostumbrados a todo, y somos más difíciles de impresionar.

¿Cual es la fórmula?

La fórmula consiste en ser atrevido e involucrar emocionalmente al espectador. El humor suele ser una buena manera de sorprender. Pero se ponen cada vez más esfuerzos en contar historias que sorprendan pero que no se queden en un simple gag, sino que vaya más allá conectando con la emoción del espectador a la vez que representa los valores y la imagen de una marca o empresa.

Estamos sin duda ante un momento muy interesante en el panorama audiovisual, algo de lo que somos conscientes tanto los que nos dedicamos a producir y realizar contenidos audiovisuales como aquellos que los utilizan para promocionarse. Es un aspecto clave para el éxito de cualquier empresa, tanto como manera de promoción como de imagen. Sobre todo ahora que, como nunca antes, la imagen vale más que mil palabras.